
Re-velarse o volver a velarse, a cubrirse uno mismo. Lo inevitable de la revelación, como la palabra lo indica. Por eso la imagen del rostro es parcial, nunca se vera su totalidad. Jamás nos descubriremos en nuestra totalidad, por eso la necesidad del otro que nos refleje, que nos interprete. Incluso la palabra no podrá nombrarnos totalmente, ya que ella también es una parcialidad nuestra, la imagen que tenemos de nosotros no somos nosotros. Esa imagen es una representación. Por eso la palabra también es revelación. Nos vuelve a cubrir en el momento del nombramiento. Por eso el laberinto, el espejo, el perderse para encontrarse y el encontrarse para perderse. Sólo hay un momento, el momento previo al nombramiento, el parto, el pujar la palabra, la pre-dicción. Visionar el pasado del nombrar. El pre- infinitivo ( Espejo en el centro del laberinto ).
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